• Sin encontrar el hilo negro, James Gunn entrega un entrañable relato sobre la familia en el más nuevo filme de Marvel.

Cuando los Guardianes de la Galaxia llegaron al imaginario cinematográfico colectivo, fueron una bocanada de aire fresco para el género de superhéroes: Marvel Studios había reventado la taquilla con Los Vengadores (The Avengers) en 2012, y estaba en vías de repetir la misma receta con segundas y terceras partes de sus integrantes en solitario.

“Los Guardianes” no eran más que unos inadaptados galácticos, sólo conocidos por los lectores más ávidos de la “Casa de las ideas”. Esto demostró ser no una desventaja, sino la que probablemente fue su mayor oportunidad: nadie los vio venir, pocos esperaban algo y, sin embargo, lo que realizó el director James Gunn resultó ser, genuinamente, una película desenfadada y divertida que cayó muy bien en el Universo Cinematográfico del que forma parte.

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Tres años después, la situación fue totalmente diferente para la segunda parte, ahora que Chris Pratt es uno de los rostros más reconocibles del planeta, y que un árbol alienígena parlante y un mapache con metralletas son aclamados personajes del mainstream. Si bien Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (Guardians of the Galaxy Vol. 2) no encuentra el hilo negro de nada, el equipo detrás de la película ha creado algo lo suficientemente distinto a su predecesora. Mientras que varias otras secuelas del género son más de lo mismo, pero más grande, Gunn opta por llevar a sus Guardianes a un relato de menor escala.

Lo cual no significa que esta segunda parte carezca de lo que engrandeció a la primera. Las ingeniosas ráfagas de diálogos, desquiciadas secuencias de acción, y las expansiones a la mitología marveliana de la gran pantalla siguen formando parte del segundo volumen, pero su médula espinal no está en (otra) batalla por el destino del universo (que sí lo es, en parte), sino en las luchas al interior de este grupo que se comprende a sí mismo como una familia.

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Donde la primera entrega vio el inicio de dicha familia, la segunda retrata cómo ésta busca asentarse, con cada miembro intentando comprender su lugar dentro de la misma. Como líder de facto del equipo, Peter Quill o “Star-Lord” tiene roces de ego con el malhumorado Rocket (Bradley Cooper), a la vez que persigue el afecto de la distante Gamora (Zoe Saldana). A su vez, el pasado de ésta le persigue en la forma de su “hermana”, Nebula (Karen Gillian). Guiado por la pérdida de su esposa e hija, Drax (Dave Bautista) es una suerte de protector para el resto del grupo. Y todos ellos se ocupan de criar al pequeño retoño Groot (Vin Diesel), que para sorpresa de nadie se roba la película.

La ya de por sí inestable familia es perturbada por la aparición de Ego (Kurt Russell), quien declara ser el perdido padre de Peter, uno de los cabos sueltos de la primera cinta. Como es de esperarse, surge el dilema entre la familia biológica y la adoptiva. Para tratarse de una película genéricamente denominada “de superhéroes”, Guardianes de la Galaxia Vol. 2 se torna sorprendentemente intimista. La acción está en el filme, sin duda (y puede que más violenta que antes), pero jamás resta protagonismo a unos personajes que se hacen serias preguntas sobre el pasado y sobre la constitución de sus parentelas. Escuadrón Suicida haría bien en tomar notas.

Gunn no tiene reparos en el ingenioso humor de sus protagonistas, sin duda una virtud de que habiten un rincón tan remoto del resto en el Universo Cinematográfico de Marvel: no hay temor al doble sentido ni al humor negro, si bien algunos de los chistes son llevados demasiado lejos.

La trama también es llevada al ritmo adecuado, para no soltar de sopetón las intricadas revelaciones de sus personajes, pero sin dejar espacios muertos en su desarrollo. Lo ya dicho sobre las intensas secuencias de acción, presentes en menores pero efectivas dosis, visualmente elevadas por el excelente uso del color en el diseño de producción, mucho menos temeroso de explorar nuevos territorios tras el éxito de la primera parte.

Por lo cual, es una lástima que uno de los elementos distintivos de ésta, no haya funcionado tan efectivamente en la secuela. “Awesome Mix Vol. 2” no es tan poderosa como la primera, y la mezcla de Meredith Quill es bien empleada sólo por momentos. La secuencia de créditos iniciales, al son de “Mr. Blue Sky“, es un deleite sensorial, pero el resto es olvidable en su mayoría.

A pesar de ello, Guardianes de la Galaxia Vol. 2 sin duda hará reír en voz alta a prácticamente todos los espectadores en la sala. Las segundas partes no se les dan del todo bien a Marvel Studios, pero ésta es, sin duda, una de las más dignas excepciones a la regla.