• Un análisis sobre las innovaciones y limitaciones que implica convertir la pintura en cine.

Una de las películas más llamativas en cartelera durante el año pasado (y en particular en la reciente temporada de premios) fue, sin duda, la animación Cartas de Van Gogh (Loving Vincent). El filme, que en internet presume ser “el primer largometraje completamente pintado” es una incuestionable proeza visual que construye sobre técnicas de animación existentes para producir una experiencia difícil de repetir en la pantalla grande.

Por otro lado, la afirmación es una curiosa contradicción dado que hablamos de la pintura, arte materialmente estático, y del cine, definido por las imágenes en movimiento y el montaje de éstas. Así, Cartas de Van Gogh supone una combinación de ambas que conlleva, por su naturaleza, innovaciones y limitaciones.

Además, un vistazo más de cerca a las motivaciones detrás del filme revela una cuestión fundamental en el corazón de éste, pues una de sus directoras, la polaca Dorota Kobiela, lo realiza inspirada por las obras y cartas de Vincent van Gogh. Éste, en una de sus últimas cartas a su hermano Theo, expresó que los pintores no pueden hablar por otro medio sino a través de sus pinturas; Kobiela, a partir de ello, se dio a la tarea de “dar vida a sus pinturas para hablar por él“. ¿Cuáles son las implicaciones de tal acto?

De estas cuestiones nace el siguiente ensayo*, que también explora algunas de las influencias detrás de la película animada, y las maneras en que ésta adaptó el estilo y obras de Van Gogh al lenguaje cinematográfico.

Descarga aquí el ensayo.

*Ensayo académico realizado para la Maestría en Arte Cinematográfico, que al momento de la redacción el autor cursa en el Centro de Cultura Casa Lamm.