• El primer largometraje de Garth Davis adapta de manera digna y emotiva, si acaso dispersa, la maravillosa historia de Saroo Brierley.

Google se ha vuelto tan cotidiano, y tan integral en la era de los smartphones, que a veces se subestima el asombro ante cualquiera de sus herramientas. Cuando bastan unos cuantos clics para acceder a un globo terráqueo digital, con fotos satelitales de todo el planeta, hasta la distancia más larga entre dos puntos del mundo pudiera parecer mundana.

Tal calificativo podría aplicarse también a una película que trata de un hombre buscando a su familia biológica en India, por vía de Google Earth, pero por fortuna, Garth Davis (que dirige su primer largometraje) y el guionista Luke Davies (CandyLife), logran imbuir a esta cinta de emoción suficiente para que trascienda tal premisa simplista.

Para Saroo Brierley, el descubrimiento de Google Earth sería un parteaguas, un conducto para volver sobre sus propios pasos hacia su pasado en India. A mediados de los años ochenta, Saroo (dotado aquí de un magnetismo instantáneo por el pequeño Sunny Pawar) vivía en un barrio pobre a las afueras de Khandwa, al cuidado de su madre obrera (Priyanka Bose) junto con dos hermanos: el mayor, Guddu y una pequeña, Shekila.

little-saroo

Una noche, Saroo acompaña a Guddu a conseguir trabajo. Ambos se separan y, cuando el pequeño se queda dormido en el interior de un tren a la espera de su hermano, acaba varado en Calcuta, con una barrera de lenguaje y cientos de millas separándole de casa.

Saroo es uno de muchos niños perdidos en el país cada año, y el agridulce retrato de las adversidades que enfrentan constituye lo que, puede argumentarse, es la mitad más potente de Un camino a casa (Lion). Con frecuencia, el cinematógrafo Greig Fraser (La noche más oscuraRogue One: Una historia de Star Wars) enmarca al pequeño protagonista en planos panorámicos cenitales (que aluden al ojo omnipresente de Google), enfatizando lo diminuto y desamparado que es frente a los parajes marginados de un mundo depredador.

Eventualmente, el niño es adoptado por el matrimonio australiano de John (David Wenham) y Sue Brierley (Nicole Kidman), y su porvenir mejora drásticamente. Veinte años después (ahora interpretado por Dev Patel), Saroo ha crecido dentro de la clase media y comienza a estudiar administración hotelera en Melbourne. Durante una reunión de estudiantes, un plato de yalebi le trae recuerdos de su hermano, lo que lo impulsa a hablar sobre su verdadero origen en India. Tras la confesión, se entera de la existencia de Google Earth, y obtiene la idea de usarlo para buscar a su familia de nacimiento.

Más que en la búsqueda misma, el guión de Davies opta por un drama íntimo sobre el impacto que la obsesión de Saroo tiene en su vida personal. El filme trastoca su sentimiento de culpa por su privilegiada vida en Australia y, en paralelo, el remordimiento hacia su familia adoptiva por investigar el paradero de la biológica. Su relación con su novia Lucy (Rooney Mara) se ve comprometida por su compulsión por hallar respuestas.

dev-patel-rooney-mara

Este conflicto interno parece el camino más obvio para no hacer de Un camino a casa no una película sobre un hombre absorto en su computadora, lo cual no es algo particularmente interesante para ver. Sin embargo, es un drama que se torna repetitivo, como una cucharada de mantequilla para untar en demasiado pan.

Sin embargo, la mantequilla que tanto Patel como Kidman traen a la mesa es de la mejor, y aunque el primero es quien carga con la mayor parte del peso de la cinta, ambos son capaces de llevarla hacia un final que, si bien es manipulador, también es justificado por mérito de sus interpretaciones. Sin duda, Un camino a casa amerita cajas de pañuelos en las salas de cine.