• Aunque no se trata de un reboot (¿remake?) que fuera necesario en primer lugar, el de Paul Feig se encuentra entre los mejores y más propositivos de los últimos años, en buena parte gracias a sus cuatro graciosas protagonistas.

Si algo ha quedado claro con las carteleras de cine del pasado lustro, es la falta de creatividad en las grandes producciones hollywoodenses: cuando no es la enésima adaptación de un cómic, es otro reboot, remake o secuela para la infinita colección. Por cada Godzilla o Ben-Hur de espectacularidad visual pero insulsez narrativa, es refrescante que Cazafantasmas (Ghostbusters), a pesar de una existencia tan innecesaria y difícil de justificar, logre ser una divertida y muy disfrutable reinvención del clásico ochentero, sin encontrar el hilo negro ni requerir demasiada faramalla.

Incluyendo homenajes a la original de 1984, no obstante de los cameos de su elenco, este reboot de Paul Feig (The Heat, Spy) los mantiene sólo como los meros guiños que son, y opta por colocar su peso en la dinámica entre sus cuatro protagonistas. Melissa McCarthy y Kristen Wiig hacen una gran mancuerna como las líderes del equipo Abby Yates y Erin Gilbert, respectivamente; redondeando un divertidísimo (si acaso algo estereotípico) cuarteto con Jillian Holtzmann (Kate McKinnon) y Patty Tolan (Leslie Jones). Como era de esperarse de un elenco integrado por “ex alumnos” de Saturday Night Live, el alma de la película está en los intercambios entre estas cuatro mujeres, generando una dinámica capaz de sostener una película de forma tan digna como sus predecesores (y con casi tantas frases igual de citables).

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Aunque en espíritu se trata de básicamente lo mismo (científicos luchando por su credibilidad mientras van atrapando fantasmas por Nueva York), el carisma y trasfondos de sus personajes convierten a esta versión de Cazafantasmas en algo que se siente distinto. A ello subyace lo que se lee como una sutil crítica a una industria que constantemente ha mantenido a las mujeres como personajes secundarios, invirtiendo totalmente los roles como ejemplifica perfectamente el personaje de Kevin (Chris Hemsworth). Este sencillo hecho eleva a esta película al nivel de una ingeniosa reinvención y por encima de un flojo reboot con efectos especiales bonitos, lo cual debería merecerle mucha más atención.

Dicho lo anterior, es una pena que el tercer acto de la cinta resulte ser genérico y hasta anticlimático. En esta instancia, de Paul Feig relucen por partes iguales su maestría para los brillantes diálogos e hilarantes situaciones, como su inexperiencia con el ritmo y coreografía de gigantescas secuencias de acción inyectadas con efectos especiales. Caso contrario, Cazafantasmas sería una de las películas más redondas del verano.

¿Se merecía todo el odio del que fue objeto desde su campaña de promoción? Definitivamente no, todo lo opuesto. Aunque muchos de los actuales reboots y remakes son en esencia redundantes (y éste no es la excepción), Cazafantasmas destaca por tener alma, mucho corazón y carisma. De todas las películas innecesarias que ahora inundan las carteleras, ésta es una de las que vale la pena ver más seguido… lástima que, con una recaudación tan pobre y tan mala opinión pública, lo más probable es que nunca veamos una secuela.