(Publicada originalmente en CinEspacio24 el 26 de abril de 2016).

  • El cazador y la reina de hielo es algo entre una precuela y secuela creada por el capricho de mantener una franquicia que no tiene material para serlo.

Se suponía que Blanca Nieves y El Cazador (Snow White and the Huntsman) tendría una eventual secuela garantizada después de su éxito en taquilla. Luego del escándalo de su director y protagonista, Rupert Sanders y Kristen Stewart, Blanca Nieves misma quedaría fuera del proyecto, dejando a Eric el Cazador (Chris Hemsworth) para sostenerlo. Hubiera sido un spin-off viable, si no hubiera resultado en el revoltijo sin inspiración que es El Cazador y la reina de hielo (The Hunstman: Winter’s War).

Aunque no precisamente memorable, la estética de su predecesora Blanca Nieves y El Cazador se percibía, al menos superficialmente, más apropiada para la retorcida historia de los Hermanos Grimm previo a su lavado de cara al estilo Disney. Esta suerte de precuela y secuela continúa con la tendencia de tomar un cuento cursi y soso, pretendiendo maquillarlo como una épica sombría cercana al terreno de El Señor de los Anillos.

Fracasa en sus primeros minutos con la contradicción de su estética oscura frente a la narración introductoria que enuncia un dulce “había una vez,” dando paso a un flojo entramado de personajes bidimensionales cuyas acciones se justifican en pretextos infantiles. La historia es puesta en marcha por la bruja Ravenna (Charlize Theron) que, por impedir que una mujer más bella usurpe su reino, rompe el corazón de su hermana Freya (Emily Blunt), haciéndola perder su fe en el amor y conduciéndola a crear un gélido reino en las tierras del norte. Si suena infantil y cursi, es porque lo es, lo cual resulta chocante con el diseño de producción que intenta evocar un cuento de hadas para adultos.

Un cuento de hadas que, lamentablemente, es incapaz de sostenerse en la confusión de sus dos historias paralelas. El guión toma prestados elementos de La Reina de las Nieves de Hans Christian Andersen y los adapta al universo establecido en Blanca Nieves y El Cazador, creando una dinámica entre hermanas que, a pesar de los mejores esfuerzos de Theron y Blunt, carece de profundidad y cae en el cliché de la maldad por la maldad. Las tonalidades emocionales de la decepción amorosa son mejor aprovechadas, por ejemplo, en una película infantil como Frozen.

La otra historia es la de Eric y Sara (Jessica Chastain), un amor frustrado por Freya quien los engaña con su magia para separarlos, haciéndolo creer a él que ella había muerto, y a ella que él la había abandonado. Este abandono es el foco de la tensión luego de su reencuentro años después, pero queda inutilizado cuando, un par de escenas más adelante, Eric deduce en voz alta que ese fue el plan de Freya. A pesar de haber regalado la explicación del conflicto, el guión se empeña en mantener la tensión entre Eric y Sara hasta mucho después, haciendo ver al personaje de Chastain como una mujer caprichosa e irracionalmente enfadada. Lo cual resulta irónico considerando su rol en el último acto de la película.

En medio de la indecisión entre tonos y argumentos, El Cazador y la reina de hielo es un despliegue gratuito de efectos especiales, cortesía de genéricas criaturas del bosque y de las reinas hermanas con sus hechizos. Más allá de ser un pretexto para ver las caras bonitas de cuatro actores desaprovechados, no es una película que tenga mucho que ofrecer al espectador que busque más que mera distracción visual.