• Una década del Universo Cinematográfico de Marvel culmina con una explosión sensorial por parte de los hermanos Russo.

Si el cine pudiera describirse en términos de comida, podríamos encontrar un sinnúmero de categorías y sabores. Desde la comida chatarra a la alta cocina, en las películas hay de todo entre la pobre excusa de carne en una hamburguesa de McDonald’s, al mejor foie gras en el planeta.

Me gusta pensar que la mayoría de los blockbusters, y los de Marvel Studios en particular, son como saltarse los otros tiempos para ir directo al postre, un pastel de chocolate con nulo valor nutricional (o escaso, en el mejor de los casos), un gusto inocente desbordante de azúcar.

En esta escala, Avengers: Infinity War es un pastel de chocolate con leche, relleno de crema de chocolate blanco, con cobertura de chocolate negro espolvoreada con azúcar glas y chispas de chocolate. Cuando no puedes sentirte más culpable con tu salud por lo que estás a punto de comer, reaparece el mesero a servir la guarnición: una bola de helado de vainilla, otra de fresa y una más de, adivinaste, chocolate.

Infinity War es un tremendo postre, y lo mejor es mirarla en esos términos.

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Con dos entregas de Capitán América a cuestas, los hermanos JosephAnthony Russo entregan el crossover más numeroso de Marvel Studios hasta la fecha, y la culminación de una década de historias iniciada con el debut de Iron Man en 2008. La decimonovena historia del llamado Universo Cinematográfico de Marvel (UCM) reúne a casi todas las estrellas de los dieciocho episodios previos para combatir un peligro de proporciones galácticas.

Thanos, tirano interplanetario interpretado por Josh Brolin mediante captura de movimiento, amenaza con reunir las “gemas del infinito”, seis singularidades de origen cósmico que, en conjunto, permiten manipular todos los aspectos de la existencia. El “Titán loco”, pretende utilizarlas para realizar un exterminio universal en un parpadeo, aniquilando a la mitad de la vida y devolviendo el balance al cosmos.

La llegada de Thanos, primero vislumbrado en el filme original de The Avengers, requiere a tantos héroes para hacerle frente que sería imposible desarrollarlos a todos en la película, a pesar de sus dos horas y media de duración. Los Russo cuentan con la familiaridad del público con la franquicia para saltar de lleno a la acción, y salvo casos muy particulares, no brindan interés a profundizar en las relaciones de su gran ensamble.

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Esta dependencia en la familiaridad es un arma de dos filos. Por un lado, las luchas entre héroes y villanos, un exorbitante despliegue de imágenes generadas por computadora, no se ven entorpecidas por el peso de diálogos expositivos. Se trata de un caos visual de lo más desquiciado y entretenido que, si bien no corrige las deficiencias de sus predecesoras (hola, ejército genérico desechable número tres), tampoco sufre por no hacerlo.

Por otro lado, la implicación emocional que existe con su enorme elenco de personajes es tan diversa como inmutable en cada caso particular, con los resultados esperados. Aquí se ven los frutos de la química mentor-pupilo de Tony Stark (Robert Downey Jr.) y Peter Parker (Tom Holland), o de la dinámica seudo-familiar de los Guardianes de la Galaxia a lo largo de dos películas. ¿El incipiente romance entre el robot Visión y la Bruja escarlata? Permanece tan plano como lo fue en Era de UltrónCivil War, a pesar de los esfuerzos respectivos de Paul BettanyElizabeth Olsen. Aunque el rol que juegan estos personajes (y otros en condiciones similares) en el conflicto central es bien expuesto, ambos eran tan superfluos antes, e Infinity War hace tan poco por cambiar eso, que es difícil justificar algún impacto emocional de su parte en el desenlace.

Es algo que se espera de un acto de malabarismo argumental que involucra más de veinte nombres sólo en el lado de los héroes. Infinity War tiene sus vacíos, pero cuando capitaliza sus personajes mejor sustanciosos, el impacto se siente.

De todas formas, la promesa de Marvel no era más que eso, añadir tres bolas de helado a un pastel ya de por sí obsceno. Sin duda, la aún no titulada Avengers 4 pondrá un banana split encima de todo ello. Nada sano en absoluto, ¿pero hace daño, de vez en cuando?